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Formación online o presencial: ¿cuál es mejor?

Formación online o presencial: ¿cuál es mejor?

Ni mejor ni peor. Cualquier vía es buena para aprender. La elección solo depende de las preferencias de cada estudiante. Eso sí, cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes. ¿Quieres saber cuáles son?

Hasta hace unas décadas, el debate sobre formación online vs presencial era inexistente por una sencilla razón: solo existía la presencial. En 1995 las cosas empezaron a cambiar. En esa fecha nació la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), primera universidad online del mundo, y desde entonces este tipo de aprendizaje ha ido ganando adeptos a un ritmo vertiginoso. De hecho, según un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) realizado por la consultora GAD3, desde el año 2000 la formación por Internet ha crecido un 900% a nivel mundial.  

Atendiendo a cifras oficiales del Ministerio de Educación, en España unos 128.000 alumnos estudian Bachillerato y Formación Profesional sin pisar el aula, mientras que en Educación Superior (Grado y Posgrado) hay 228.500 alumnos matriculados en universidades no presenciales. Y subiendo. En este sentido, el mencionado estudio de la UNIR señala que en el último año el estudio de grados en el segmento online ha aumentado un 5% y el de másteres un 26%. Parece que no se trata de una moda pasajera porque según estiman fuentes de OBS Business School “en dos años el 50% de la educación superior se impartirá con metodología 100% online”. Aun así, los que siguen sentándose físicamente frente a un profesor, tanto en Bachillerato y FP como en Educación Superior, todavía ganan por goleada: 1.364.000 y 1.300.000 respectivamente.

Ventajas e inconvenientes

Los datos del crecimiento de la enseñanza online abruman, pero lo cierto es que, según los entendidos en la materia, tanto esta como la presencial tienen sus pros y sus contras.

Principales ventajas del modelo online:

  • Flexibilidad y actualización. Al no haber horarios predefinidos, los estudiantes pueden adaptar la formación a sus necesidades y conciliar vida laboral y familiar con estudios. Además, el mundo online posibilita estar permanentemente informado y actualizado.
  • Acceso 24x7. Gracias al desarrollo de la tecnología, cualquiera que tenga un dispositivo móvil puede acceder a la formación que esté cursando en cualquier momento y lugar. Además, los recursos y materiales necesarios están siempre al alcance del estudiante. De hecho, según la UNIR, el uso del móvil con fines formativos está creciendo enormemente en los últimos años y crecerá aún más en los próximos.
  • Ahorro de costes y tiempo. El e-learning también implica costes —sobre todo a nivel tecnológico—, pero en líneas generales suele ser una opción más económica. Además, se eliminan los desplazamientos.
  • Seguimiento y personalización. Ofrece a los profesores un nivel de feedback hasta ahora inédito sobre los avances, retrocesos o necesidades de sus alumnos que permite personalizar el aprendizaje de cada uno en función de sus necesidades.
Dicho esto, también existen algunos inconvenientes. Por ejemplo: la formación online requiere más organización y fuerza de voluntad que la presencial. De ello da buena muestra un dato: según el Ministerio de Educación, la tasa global de abandono y cambio de estudio en másteres es de un 60% en la modalidad online por un 28% en la presencial. Además, según los expertos, conlleva cierto aislamiento o falta de socialización, requiere un considerable desembolso en dispositivos (ordenador, smartphone o tableta) y un mínimo conocimiento de las nuevas tecnologías.

La formación online ha crecido un 900% a nivel mundial desde el año 2000

Respecto al modelo presencial, las ventajas son las siguientes:

  • Cercanía. Además del contenido formativo propiamente dicho, tener a un profesor delante, ver sus expresiones o escuchar el tono de su voz —tenerlo a mano, en definitiva— garantiza un extra de información y una cercanía que el modelo online no da.
  • Motivación. El contacto humano siempre es un plus. Una mayor interacción humana mejora la implicación y alimenta la competitividad de los estudiantes. Además, siempre se aprende más en compañía —charlas, debates, trabajos colaborativos, etc.— que en soledad y se fomenta el networking.
  • Autonomía. La tecnología puede llegar a ser frustrante durante el aprendizaje: no se oye el audio, el vídeo se para, el servidor se cae, etc.
  • Rutina. Al estar sometido a horarios, favorece el establecimiento de los hábitos de estudio propios de este tipo de aprendizaje.

Vamos con los inconvenientes. La formación dura lo que dura y cuando finaliza la clase ya no hay posibilidad de volver a recibirla. Además, al tener que desplazarse al lugar donde se imparte la clase, se invierte tiempo y dinero extra en ello. Por otro lado, está la limitación formativa por motivos geográficos. Es decir, el estudiante no siempre tiene a mano la titulación que quiere, mientras que el modelo online permite a cualquiera estudiar lo que desee independientemente de si la formación la imparte una universidad de China o una de Estados Unidos.  

MOOCs: la formación online que triunfa

Si hay un tipo de formación que está triunfando en el ámbito online son los famosos MOOC (Massive Open Online course) o lo que es lo mismo, cursos gratuitos online. Según datos de la consultora Hydra Digital, España es el país de la Unión Europea que más MOOC genera con un 27% de la oferta de e-learning de Europa y es el quinto consumidor de este tipo de cursos en todo el mundo. Las razones, seguramente, están en su gratuidad, su accesibilidad, la variada oferta disponible y la cantidad y calidad de plataformas que ofrecen estos cursos. Miriadax, la primera plataforma iberoamericana de MOOCs de Telefónica Educación Digital, es un buen ejemplo de ello y los datos refrendan su éxito. Alrededor de 700 cursos que versan sobre temas tan diferentes como la creatividad y el pensamiento lateral o la introducción al crowfunding, 105 universidades adheridas, más de 2.500 profesores, 8.000 vídeos y más de cuatro millones de estudiantes.

Para gustos hay perfiles

Tanto la enseñanza presencial como la online tienen su perfil idóneo de estudiante y suele responder a una lógica simple, la de la edad y el tiempo. La gente más joven, cuya única obligación es estudiar, no necesita recurrir, salvo excepciones, a la formación online. Por el contrario, las personas más mayores, en activo laboralmente y/o con responsabilidades familiares, ven en la formación online la única vía para compaginar sus obligaciones con la formación. De ahí el auge de este perfil en la enseñanza online. La edad media de los estudiantes de la UNIR, según Rubén González —director de la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología de dicha universidad— es de 34 años.

Una vez decantada la balanza en favor de un tipo de formación u otro, otra de las preocupaciones que suele rondar a los estudiantes tiene que ver con la validez de los estudios que van a cursar. Partiendo de la evidencia de que cualquier enseñanza aporta valor al currículum, es importante resaltar que la única diferencia entre una titulación online y una presencial es que la validación sea oficial o no oficial. Es decir, si lo que se busca es una titulación oficial, entonces tanto el centro como los estudios elegidos tienen que estar homologados por el Ministerio de Educación. Si no es así, la titulación que se obtenga será igual de válida, pero ni oficial ni homologada.


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