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“La inteligencia artificial razona mejor que nosotros”

“La inteligencia artificial razona mejor que nosotros”

Martin Hilbert, experto en big data y conocido por sus tesis sobre la comunicación y la información en el desarrollo humano, se atreve incluso a cuestionar el “pienso, luego existo” de Descartes.

Con solo 40 años, Martin Hilbert —alemán afincado en California— es asesor tecnológico de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Doctor en Económicas y Ciencias Sociales, Doctor en Comunicación, diplomado en Administración de Empresas y en Gestión del Conocimiento y profesor de la Universidad de California. Habla cinco idiomas, entre ellos, latín, y es conocido en medio mundo por sus tesis y trabajos sobre el papel de la información y la comunicación en el desarrollo humano.

Pero lo que probablemente ha hecho más famoso a este experto mundial en big data son tres cosas. La primera: fue el primero en atreverse a cuantificar, en 2014, la información que había en el mundo. Nada más y nada menos que 5 zetabytes —un ZB es un 1 seguido de 21 ceros—, lo que traducido a algo entendible serían unas 9.000 pilas de libros puestas en fila hasta el sol. La segunda: su afirmación sobre que “la democracia no está preparada para la era digital”. Y la tercera: sostiene que “con la inteligencia artificial estamos generando algo así como una especie de superorganismo de conciencia superior”.

Tal es su fe en la inteligencia artificial que incluso se atreve a cuestionar el famoso “cogito ergo sum” —“pienso luego existo”— de Descartes: “La verdad es que ya no somos los únicos que pensamos y, además, en muchas áreas del pensamiento la inteligencia artificial razona mucho mejor que nosotros. De modo que la pregunta es inevitable: ¿Estaba Descartes equivocado? Quizás, pensar ya no sea nuestra razón de ser y, quizás, solo quizás, no sea lo que nos hace humanos… Ahí dejo la reflexión”, dice consciente de su desafío.

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“Nuestra democracia se ha quedado atrás. No podemos seguir funcionando como hace 200 años porque hoy la información viaja a la velocidad de la luz”

Una inteligencia diferente

Lo cierto es que hoy nadie duda de que la información es poder, una información que se multiplica por dos cada dos años y medio y que solo la inteligencia artificial —según Hilbert— es capaz de procesar. De ahí su planteamiento de que, de algún modo, pueda llegar a convertirse en una especie de conciencia superior, pero no en sentido negativo, aclara. “La inteligencia artificial no es el Terminator que algunos quieren ver en ella, sino al contrario. Es una fusión que ya está en camino. Ya le hemos dado el 80% de las decisiones en bolsa y el 99% de las decisiones en nuestra red eléctrica. Por tanto, dependemos de ella. Hay cosas que, nos guste o no, nosotros no podemos hacer y ella sí. Es una simple cuestión de capacidad computacional, pero nuestro cerebro hace otras cosas profundamente humanas que la inteligencia artificial no puede hacer”, añade. Por eso cree que nuestro futuro pasa, inevitablemente, por establecer una alianza con ella: “Cada una en su parcela”, dice.

En este sentido, Hilbert asegura que el temor que muchos tienen a que las máquinas dominen nuestras vidas tiene que ver con el desconocimiento. “Hay que conocer las cosas para perderles el miedo”, asegura. Y para hacer ese ejercicio Hilbert recurre a una metáfora: “Durante muchos siglos pensamos que la única manera de volar era teniendo plumas. ¿Por qué? Porque esa era la solución que la sabia naturaleza había dado al problema de volar. Sin embargo, también el hombre, con su pequeño cerebro y a base de observación y análisis, fue capaz de encontrar no una, sino muchas y diferentes formas de desplazarse por el aire de manera artificial y hasta de ir a la luna. Y no por eso somos superiores a la naturaleza, simplemente, somos diferentes. Pues con la inteligencia artificial pasa lo mismo: no es ni mejor ni peor, sino una solución diferente que estamos dando al problema de pensar”, dice Hilbert.

 

Usos y usos de la información

Se habla mucho de las consecuencias que pueden derivarse de la utilización de la información que cada uno de nosotros cede en Internet a cada instante. “El problema no son los datos ni la inteligencia artificial que los procesa y analiza, sino el uso que se hace de ellos a posteriori. Un ejemplo claro, según él, son las redes sociales. “Con unos cientos de likes en Facebook, la red social puede predecir nuestra orientación sexual, origen étnico, opiniones religiosas y políticas, nivel de inteligencia y de felicidad, etc. Con 150 likes los algoritmos pueden predecir nuestra personalidad mejor que nuestra propia pareja y con 250 likes mejor que nosotros mismos”. Esto, según Hilbert, podría tener una lectura enormemente positiva y ser una gran oportunidad para conocernos mejor, para saber cómo se forma nuestro carácter, nuestros gustos o nuestras opiniones. Y otra menos positiva que podría derivar en el uso de esa misma información con tintes políticos o comerciales.

En este sentido, Hilbert cree que para avanzar en este terreno y ser menos vulnerables es imprescindible que la gente conozca las posibles consecuencias de ceder la información de sus vidas de forma incondicional. “Hoy todo se cocina en las redes sociales. La mayor parte de la gente busca información de todo tipo en ellas: personal, laboral, política y hay que tener cuidado. ¿Por qué? Porque los grandes medios sociales como Facebook, Twitter o Google —al contrario que los medios de comunicación tradicionales— no están regulados y eso puede conllevar ciertos peligros, como hemos visto en el caso de las últimas elecciones de Estados Unidos”.

“El problema no son los datos ni la inteligencia artificial que los procesa y analiza, sino el uso que se hace de ellos a posteriori”.

¿Democracia digital?

En este contexto de acceso global a la información, en el que los millennials cobran especial protagonismo por su activismo en las redes, surge el otro gran tema polémico lanzado por Hilbert: ¿es válida la democracia actual en la era digital? Para él, la respuesta es clara: “Nuestra democracia se ha quedado atrás. No podemos seguir funcionando como hace 200 años cuando las noticias viajaban a caballo porque hoy la información, además de viajar a la velocidad de la luz, es casi omnipresente”.

Hilbert considera que no se está sacando provecho de toda esa información y que nos conformamos con recoger un bit de información de la gente cada cuatro años para decidir entre un sí o un no o entre izquierda y derecha. “Tenemos que desarrollar plataformas de big data para la democracia: sistemas de información guiados por la inteligencia artificial que sean capaces de procesar lo que realmente quieren las personas, qué les preocupa, qué podría cambiarse y cómo. La derecha y la izquierda son solo una dimensión, pero las redes neuronales de la inteligencia artificial funcionan en 800 dimensiones, de modo que podríamos procesar las opiniones de la ciudadanía en 800 dimensiones diferentes sin problema. Sé que suena a misión imposible, pero en mi opinión no lo es porque existe la tecnología para hacerlo y, con un esfuerzo para adaptarla, podríamos crear la democracia para la era digital más transparente, más inclusiva y más fantástica que jamás hayamos creado”, concluye Hilbert.



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