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“Hoy es más difícil ser feliz porque es más difícil ser auténtico y real”

“Hoy es más difícil ser feliz porque es más difícil ser auténtico y real”

Doctorado por la Universidad de Harvard en Filosofía y Psicología, Tal Ben-Shahar es conocido en el mundo entero por sus best sellers y conferencias sobre felicidad y psicología positiva. Asegura que se puede aprender a ser feliz.

Nacido en Israel en 1970, además de su trayectoria de 25 años como profesor de Psicología en Harvard, Ben Tal-Shahar lleva muchos años estudiando primero y enseñando después qué es la felici-dad y cómo alcanzarla. Happier y Being happy, dos de sus libros más vendidos, han sido traducidos a 25 idiomas y, un dato que lo dice todo: tiene el récord de la asignatura con mayor número de es-tudiantes de la historia de la universidad de Harvard: más de 1.400 alumnos por semestre. Tal-Shahar estuvo en el foro Enligthed, la conferencia de expertos sobre educación y tecnología impul-sada por la Fundación Telefónica, y esto fue lo que nos dijo.

Es muy bonito eso que ha dicho esta mañana sobre permitirnos ser humanos, pero ¿es posi-ble en nuestro actual entorno digital?

Es mucho más difícil hoy en día darnos permiso para ser humanos y una de las razones es debido a las redes sociales. En las redes sociales vemos a todos felices. Vemos a todos teniendo una fami-lia perfecta, un trabajo perfecto, unas vacaciones perfectas, una vida perfecta, excepto a noso-tros. Eso es lo que vemos y luego nos frustramos, nos sentimos mal con nosotros mismos pero no queremos ser los únicos que parecen no tener una vida perfecta, así que también publicamos fo-tos y descripciones similares y contribuimos a la gran mentira que nos está llevando a una gran depresión. Hoy es más difícil ser feliz porque es más difícil ser auténtico y real. Tenemos menos de esas relaciones cercanas e íntimas, relaciones personales íntimas en las que podemos ser noso-tros mismos y que necesitamos para ser felices.

Sobre eso justamente le iba a preguntar: ¿por qué son peores las relaciones virtuales que las reales? 

Hemos evolucionado durante millones de años y lo hemos hecho sin la tecnología. Evolucionamos para conectar con las personas viéndolas el rostro. Hemos evolucionado para conectarnos a la gente tocando, pasando tiempo juntos y esta tecnología que ha surgido en las últimas décadas no crea la misma reacción psicológica, no libera las mismas sustancias químicas, no saca las mismas cualidades que las conexiones reales porque si ahora te veo, la empatía se activa automáticamen-te, pero si veo tu nombre en un medio digital no siento empatía ni intimidad y no desarrollo los sentimientos de felicidad ni los de compasión.

También comentó durante su charla que el sentido de pertenencia y ayudar a los demás son fundamentales para el ser humano. ¿Qué papel juega la tecnología en este terreno?

Pasar tiempo con la gente, las relaciones, el sentido de pertenencia, son los pilares centrales de una vida feliz. Son absolutamente esenciales para la felicidad. El problema en el mundo de hoy es que muy a menudo la conexión con la tecnología nos está desconectando de otras personas. Ves a niños en la escuela sentados juntos alrededor de una mesa y cada uno está enviando mensajes de texto y a veces se los están enviando unos a otros. En el lugar de trabajo las personas se comuni-can menos cara a cara y es muy importante que volvamos a estas formas básicas de comunica-ción humana. Ahora bien, no estoy en contra del smartphone, no estoy en contra de la tecnología, creo que es estupenda cuando facilita las interacciones cara a cara, cuando se convierten en un medio y no en un fin en sí mismo.

Ahora que ha mencionado las escuelas, ¿cómo impacta la psicología positiva en la educación?

Martin Seligman, considerado el padre de la psicología positiva, siempre hace dos preguntas a los padres cuando habla con ellos, la primera es: “¿Qué es lo que más te gustaría para tus hijos?” y los padres responden: “Quiero que sean felices”, “Quiero que tengan relaciones buenas”, “Quiero que sean fuertes”, “Quiero que estén saludables” y cosas así. Luego elabora una lista, la lista nú-mero 1. Después hace la segunda pregunta: “¿Qué aprende tu hijo en la escuela?” “Matemáticas, gramática, historia, geografía…" lista número 2. Estas dos listas casi no coinciden en nada y eso es muy desafortunado. ¿Por qué las escuelas no enseñan la ciencia de la felicidad? Especialmente por el hecho de que si se enfocan en la lista 1 y mejoran sus relaciones, haciendo a las personas más felices y fuertes, también mejoran en la escuela, también influirán en su desempeño. Las escuelas tienen la responsabilidad de comenzar a enseñar la ciencia de la felicidad para que los estudiantes sean más felices, más resistentes y puedan enfrentar mejor los desafíos de la vida.

Y fuera ya del ámbito educativo, ¿es posible encontrar ese equilibrio que sugiere entre trabajo y vida?

Encontrar el balance entre trabajo y vida hoy es muy difícil, de hecho, no creo que sea posible encontrar un balance. En su lugar, lo que debemos buscar es el balance adecuado entre estrés y recuperación, o trabajo y reposo. Por esto debemos tener momentos durante el día en que nos apagamos, en que nos desconectamos de la tecnología y nos conectamos con la gente. Este es el balance que debemos buscar. Está bien trabajar duro, está bien ser polivalente, pero también es importante tener durante el día lo que yo llamo “islas de sanidad” o esos momentos en que solo hacemos una tarea o en los que solo interactuamos con una persona. Conectarse con la persona, desconectarse de la tecnología.

En esa búsqueda ¿cómo de importante es encontrarle sentido a nuestro trabajo diario?

Encontrar un sentido de propósito al trabajo es un componente muy importante de la felicidad, de hecho, sin un significado, sin un propósito, es virtualmente imposible la felicidad duradera. La pregunta radica en saber cómo encontrar sentido al trabajo y la respuesta es que debemos bus-cárselo, pues la mayoría de las cosas que hacemos al iniciar y finalizar el día ya es importante, el problema es que no somos conscientes. Por ejemplo, podemos preguntar cosas como ¿qué dife-rencia está haciendo mi trabajo?, ¿cómo estoy ayudando a otras personas?, ¿cómo estoy haciendo del mundo un lugar mejor? Estas preguntas pueden generar respuestas que me ayuden a ver que lo que estoy haciendo, en realidad, es importante. Los managers también tienen la responsabili-dad de ayudar a sus empleados a encontrarle el significado a su trabajo, ¿cómo? Por ejemplo, haciéndoles formar parte del panorama general, ayudándoles a ver la diferencia que están ha-ciendo y, una vez que lo hacen, los empleados no solo le dan más sentido a su trabajo, sino que son más felices y se comprometen más.

¿Cómo pueden las compañías ayudar a sus empleados a ser felices?

Hay muchas cosas que las empresas pueden hacer para ayudar a los empleados a ser más felices, por ejemplo, pueden introducir más periodos de recuperación, fomentar más el descanso, pueden hacer meditación a los lugares de trabajo, alentarlos, fomentar más ejercicio físico en la organi-zación. Todas estas cosas no solo contribuirán a la felicidad de sus empleados, sino también a la productividad, la creatividad y el rendimiento general.

¿Es posible enseñar a alguien a ser feliz o es algo que viene de serie?

No, es totalmente posible enseñar a las personas a ser más felices compartiendo. Esto es lo que  yo hago, forma parte de mi Academia de Estudios de la Felicidad. Yo enseño a las personas el sen-tido de la felicidad y los aliento a implementar lo que han aprendido en sus propias vidas. Si no fuera posible enseñar a las personas a ser más felices no estaría haciendo lo que hago.

¿Cree que hay diferentes niveles de felicidad?

Sí, hay diferentes niveles de felicidad. Además, a lo largo de la vida de cada persona hay periodos en los que somos más felices o menos que antes. El objetivo es aumentar los niveles de felicidad para que hoy seamos más felices de lo que éramos hace diez años y que dentro de otros diez años seamos más felices de lo que somos ahora.

¿Es usted feliz ahora, señor Shahar?

Soy más feliz.

“Las escuelas tienen la responsabilidad de comenzar a enseñar la ciencia de la felicidad para que los estudiantes sean más felices, más resistentes y puedan enfrentar mejor los desafíos de la vida”.



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