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Makers, generación cre-activa

Makers, generación cre-activa

El movimiento maker invade todas las áreas. También, la tecnológica. Robótica, impresión 3D, hardware y software de código abierto… Cómo influye la filosofía maker en la empresa y en la educación.

El movimiento maker invade todas las áreas. También, la tecnológica. Robótica, impresión 3D, hardware y software de código abierto… todo fabricado por aficionados. Cómo influye la filosofía maker en la empresa y en la educación.

Sus alumnos han creado la maqueta interactiva Alhambra Mágica con impresión 3D, placas makey makey, versión virtual para iPad y realidad aumentada.

“El espíritu emprendedor es básico —explica Diego—. Hemos fundado una microempresa educativa y fabricamos productos en impresora 3D, desde llaveros a códigos BiDi para la huerta del colegio. Enseñamos a los niños responsabilidad, gestión de ganancias y reinversión, cómo funciona el autoempleo, el mundo real”. Con una empatía social prioritaria, “la solidaridad de la economía”. Han fabricado un alfabeto braille, juguetes para niños sin juguetes, cajas coloridas que cubren las bolsas de quimioterapia en casos de cáncer infantil. Premios en su sala de trofeos: Mobile Learning (Educación 3.0), Ciencia en Acción, el concurso Ultimaker o al mejor robot construido con piezas de Lego.

Filosofía Maker en Tendencias Educación Digital
Los Makers fabrican sus propios dispositivos con código libre y comparten su conocimiento en talleres colectivos como los fab lab o los makespaces.

VUELTA A LA TIERRA

Aunque la inspiración es la semilla de la innovación, su aplicación en la economía real exige poner los pies en la tierra. Obama impulsó el programa Nation of Makers con la intención de volver a traer a casa muchas empresas deslocalizadas. China, por su parte, anunció que este sería el futuro de su economía. Pero esas predicciones entusiastas han chocado con la modestia de un fab lab normal.

Lo advierte siempre César García, cofundador del Makespace madrileño, al explicar cómo se ha extendido el mito de que el movimiento maker salvará el planeta. No es raro que los analistas se acerquen preguntando cómo ese chaval maker resolverá las crisis de la banca, si tal trabajo de biotecnología frenará el cambio climático… “Buscan superhéroes. Resulta que estamos arreglando el mundo pero no tenemos para arreglar el suelo de terrazo”.

Pablo Aliaga, cofundador del Maker Space Zaragoza, comparte esa visión prudente. Dice que de momento las empresas llegan a los spaces o los fab labs buscando soluciones profesionales a precio amateur, o dispositivos y equipos ya homologados —la homologación es cara—. “A la mayoría les interesa la tecnología ya madura pero no tanto el conocimiento que lleva a ella”. Pero algo se mueve, sobre todo en el modelo crowfunding que reúne inversiones siempre fuera del alcance de un maker promedio. Aliaga destaca desarrollos como la placa de miniordenador Cubieboard o aplicaciones software en cultivos hidropónicos. Él mismo ha desarrollado un sistema que procesa datos como la temperatura y la humedad en naves ganaderas. Y también imparte un curso para pymes: cómo aplicar la tecnología libre y el código abierto a la solución de problemas concretos.

“Seguro que en los makespaces llegaremos a hacer cosas interesantes, pero tenemos que ir poco a poco”, advierte César García. ¿Tendremos paciencia?


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