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Celia Sánchez Ramos

Celia Sánchez Ramos

“No podemos renunciar a la tecnología, pero hay que usarla adecuadamente para no dañar nuestros ojos”.

Científica por los cuatro costados, trabajadora incansable y divulgadora nata. Sus inventos para preservar el ojo sano han llegado hasta el Senado de los Estados Unidos y no piensa parar. Su afán: continuar inventando objetos de utilidad y conseguir que la ciencia no se perciba como elitista.

Celia Sánchez-Ramos, experta en protección y prevención de la visión, ha sido premiada en medio mundo por aportaciones como los filtros Reticare, las lentes CSR o la autenticación por biometría ocular. Profesora de la Universidad Complutense de Madrid, investigadora, inventora —más de 15 familias de patentes—, madre y abuela, esta zaragozana afincada en Madrid contagia su amor por la ciencia según empieza a hablar. Nunca se cansa de aprender ni de enseñar y su sueño es que no haya ciegos evitables en el mundo. Con ese objetivo, lleva 15 años estudiando los efectos que provoca la luz de los dispositivos móviles en nuestras retinas. Y las conclusiones no son buenas. Aunque quien estudia el problema, encuentra la solución. Y la hay, según ella: conocimiento, prevención y sentido común.

 

Licenciatura en Farmacia, diplomatura en Óptica y Optometría, dos doctorados, un sinfín de títulos relacionados con su especialidad y así hasta rellenar 130 hojas de currículo. ¿Cuál es la clave para llegar tan alto?

La clave, como en casi todo en la vida, es mucha perseverancia, mucho trabajo y mucha ilusión. Sin esos ingredientes es casi imposible tomarse el trabajo en serio y disfrutar con ello.

Celia Sánchez en Tendencias
“La gente tiene que saber que el sistema visual no termina de formarse hasta los cuatro años y que cualquier exceso de luz antes de esa edad es malísimo”

Esa irrefrenable pasión por la ciencia, ¿de dónde le viene?

Me ha gustado mucho desde pequeña. En las ciencias veía una especie de jeroglífico para el que tenía que encontrar la clave. La química, por ejemplo, me encantaba. Veía los electrones pulular por delante de la pizarra y me parecía increíble. La física, las matemáticas y la biología también me parecían muy atractivas, pero es cierto que el hecho de enamorarse de las ciencias tiene mucho que ver con el profesor que las imparta.

Las mujeres suelen decantarse por carreras de letras y los hombres por las de ciencias. Dada su experiencia como profesora, ¿encuentra alguna explicación?

No encuentro una explicación. Estamos trabajando para que, poco a poco, las mujeres se incorporen al mundo de la tecnología y de las ciencias experimentales. Dicho esto, creo que va a costar generaciones. En los últimos años se están realizando muchos esfuerzos, pero los resultados no son buenos porque no hay más mujeres en ciencias. Lo que voy a contar es solo una anécdota, pero quizás esconda alguna clave. Un compañero de la Universidad de Valencia me contó que cuando la carrera de Informática pasó a llamarse Ingeniería Informática las matriculaciones de mujeres, que ya de por sí eran menores a las de hombres, cayeron aún más. Hay algo que no estamos sabiendo ver… Yo, por mi parte, intento colaborar divulgando y animando a las mujeres, pero la barrera existe.

¿Qué haría usted para fomentar las vocaciones STEAM entre las mujeres?

Los juegos y los talleres a edades tempranas hacen más atractivas estas materias. Sirven, por ejemplo, para explicar de forma amena el porqué del arcoíris o el porqué de poner sal en las carreteras cuando hiela. Además, está la participación, que es fundamental a todas las edades. En mis clases en la universidad no permito que mis alumnos sean meros espectadores, tienen que ser protagonistas. Dicho esto, no pienso que solo se aprenda con práctica o que la práctica deba tener más peso que la teoría. Para mí ambas son fundamentales porque es necesaria una base teórica para llevar a cabo la práctica.

España está en el número nueve del ranking investigador y, sin embargo, la percepción a ras de suelo es que no estamos a la altura. ¿Qué falla? 

Hace 40 años España no existía en el ranking internacional de investigación. ¿Por qué? Porque los resultados de nuestras investigaciones no se publicaban y esa, al fin y al cabo, es la clave para aparecer en el ranking. En cuanto empezamos a hacerlo, los resultados llegaron. Por tanto, hay que seguir publicando artículos científicos y, sobre todo, divulgarlos para que la percepción cambie.

¿Por qué parece que la ciencia no interesa? ¿Qué podemos hacer para que la gente de a pie conozca, por ejemplo, sus lentes CSR, los filtros Reticare o el reconocimiento facial a través de la córnea que usted ha inventado?

Hay que comunicarlo, a todos y en todos los contextos posibles: niños, jóvenes, adultos, colectivos, etc. Todo lo que sea divulgar es imprescindible para que la gente conozca lo que hacemos los científicos y las aplicaciones prácticas de la ciencia. A veces tengo la sensación de que la mayoría de las personas creen que es algo elitista. Hay otro hecho fundamental para que la ciencia llegue a todo el mundo y es la colaboración ciencia-empresa, pero de eso aún no hay cultura en España. Defiendo, por ejemplo, que la propiedad intelectual industrial se explique en los centros de enseñanza escolar.

“El hecho de que las ciencias resulten o no atractivas tiene mucho que ver con el profesor que las imparta”

Sus investigaciones muestran que los animales expuestos a las tablets tienen un 23% menos de células en la retina por el exceso de luz. ¿Nos ocurre también a las personas?  

Realizamos un experimento con tres grupos de roedores: unos sin ninguna fuente de luz, otros rodeados de tablets y otros rodeados de tablets con filtros de protección para mitigar la luz azul —es la que mayor energía tiene y la más dañina—. El resultado fue el 23% que comentas en el segundo grupo. Dicho esto, ni la retina, ni la esperanza de vida, ni muchas otras variables de los roedores son iguales a las de los humanos. El dato, en consecuencia, no es extrapolable. Pero la enseñanza y lo que tenemos que entender es que la luz es necesaria, pero en exceso quema. El ojo humano no está preparado para mirar a la luz sino para mirar con luz. La situación es grave porque nuestra esperanza de vida es cada vez mayor y, además, cada vez empezamos antes a usar antes las pantallas. Auguro que este asunto se convertirá en un gran problema.

¿Y cómo podemos evitarlo o, al menos, paliarlo?

Primero, tomando conciencia. No vamos a renunciar a la tecnología —ni queremos ni podemos—, así que lo que tenemos que hacer es usarla adecuadamente, especialmente en el caso de los niños y los jóvenes que están más desprotegidos. El sistema visual no termina de formarse hasta los cuatro años y durante ese periodo hay mecanismos fisiológicos de protección del ojo que aún no funcionan. Por esa razón, el exceso de luz antes de esa edad es malísimo. ¿Recomendaciones? Parpadear regularmente, usar filtros que mitiguen esa parte de la luz y sentido común: descansar cada hora y media, mirar al infinito, hidratar los ojos con suero, etc. Es importante que la gente sepa todo esto y no se trata de alarmar, sino de concienciar para que la gente conozca el problema y pueda tomar medidas. 

En esta era digital, en la que los perfiles laborales cambian al ritmo que avanza la tecnología, ¿cree que Óptica es una carrera con futuro?

Sin duda. Hace poco hemos conocido el dato de que en el último año el número de miopes de entre 7 y 13 años se ha duplicado en Asia y que lo mismo ha pasado en los países nórdicos entre los que tienen 25. El abuso de las pantallas está acarreando un notable incremento de los problemas de visión, como la miopía de la que hablábamos, el ojo seco, la conjuntivitis, las cataratas, etc. Creo, por tanto, que los profesionales que analicen estudien, preserven y rentabilicen la visión de las personas tendrán bastante futuro.

Hace menos de diez años fue usted nombrada mejor inventora internacional. De aquí a otros diez años, ¿qué le gustaría inventar?

Me gustaría seguir encontrando soluciones a problemas concretos de la visión. Por ejemplo, ahora estamos investigando cómo afectan algunos medicamentos a la visión. También me encantaría poner mi grano de arena para que otros puedan seguir avanzando en el estudio de la visión y conseguir así que no hubiera ciegos evitables en el mundo.

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