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‘Visual thinking’: una imagen, más que mil palabras

‘Visual thinking’: una imagen, más que mil palabras

Einstein lo avanzó hace casi un siglo: “Si no puedo dibujarlo es que no lo entiendo”. Lo que el científico apuntó entonces, hoy se llama visual thinking. Una forma de enseñar que cobra auge en las aulas.

Seguro que alguna vez le has pintado a alguien un mapa en una servilleta para explicarle cómo llegar a un sitio poniendo como referencia edificios, calles o cruces… Y seguro que ese alguien ha llegado a su destino mejor que si se lo hubieras explicado de viva voz. Eso es visual thinking. Nadie más de acuerdo con esa afirmación que Dan Roam, gurú por excelencia de esta disciplina, quien ya dijo hace casi una década que “no hay forma más sencilla de encontrar soluciones que cogiendo un bolígrafo y una servilleta”.

Exactamente esta técnica, que lleva años utilizándose en el sector empresarial y, especialmente, en el entorno publicitario, consiste en utilizar dibujos simples y fácilmente reconocibles para explicar una idea, concepto o pensamiento. Quizás por eso cada vez más profesionales del mundo de la educación se suman al visual thinking, sabedores de aquello de que una imagen vale más que mil palabras.

Pero ¿por qué es tan eficaz como método de enseñanza/aprendizaje? Dos son los motivos principales. Por un lado, porque el 80% de nuestro cerebro es visual; es decir, está diseñado para asimilar y procesar imágenes. De hecho, un estudio realizado por científicos del MIT (Massachussets Institute of Technology) ha demostrado que el cerebro humano es capaz de procesar imágenes completas en tan solo 13 milésimas de segundo. Y, por otro, porque mientras la asimilación del lenguaje oral u escrito es lineal y cronológico —letra a letra, palabra a palabra, frase a frase—, en el lenguaje visual la información, según el experto en diseño en comunicación visual Pato Giacomino, “llega en un golpe de ojo”. Es decir, entra rápido y fácil.

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Según la mayoría de los docentes que lo aplican, el pensamiento visual es factible en cualquier etapa educativa; solo hay que adaptarlo al nivel de formación del estudiante.

Creatividad, síntesis y emoción

A juicio de los educadores que aplican el visual thinking en clase, alguno de sus beneficios son el fomento de la creatividad. Pero hay más. Por ejemplo, Garbiñe Larralde —docente, formadora de profesores y experta en el uso de esta técnica en el aula— afirma que, además de ser una excelente manera de conectar con los alumnos, activa la atención, estimula la investigación autónoma, facilita la comprensión de conceptos, entrena la extracción de las ideas fundamentales, desarrolla la capacidad de síntesis, ayuda a saber estructurar los contenidos, favorece la retentiva, potencia la creatividad, cultiva la emoción estética y contribuye a la motivación.

Larralde no es la única que lo piensa. “Cuando doy las explicaciones con visual thinking mis alumnos prestan más atención porque los dibujos les llaman inmediatamente la atención”, dice Leticia Urbiola, maestra de inglés y matemáticas de sexto de primaria. “Cuando dibujo mientras explico mis alumnos disfrutan porque es como un juego en el que compiten por ver quién adivina antes de lo que se trata”, añade. Otra ventaja es que, según la mayoría de los docentes que lo aplican, el pensamiento visual es factible en cualquier etapa educativa. Solo hay que adaptarlo al nivel de formación del estudiante y al grado de complejidad de la materia. Así, a mayor edad, los dibujos, esquemas, mapas visuales o la técnica que se utilice, pueden ganar en profundidad para lograr objetivos más ambiciosos.

Claves para hacer visual thinking

Como explicaba Dan Roam en su libro Tu mundo en una servilleta, antes de ponerse a dibujar es importante pararse a pensar lo que se quiere transmitir, es decir, entender la idea para poder hacer que los demás la entiendan. Para ello, según Roam hay cuatro pasos previos ineludibles: Mirar, ver, imaginar y enseñar. Mirar consiste en observar aquella información que nos permite entender nuestro entorno y los elementos que lo componen: recopilar, desplegar, ordenar y filtrar visualmente. Ver implica una fase más profunda que la anterior, en la que se selecciona y agrupa la información para poder hacerse una composición de lugar que permita responder a preguntas del tipo: ¿quién?, ¿cuánto?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo? y ¿por qué? Imaginar es ver más allá de lo que perciben nuestros sentidos, intuir y ser creativo. Por último, enseñar es plasmar la información proporcionada por los tres pasos anteriormente citados y enseñarla a los demás para recibir feedback.

En este sentido, uno de los mejores ejemplos de visual thinking —aunque ajeno al ámbito escolar— es el famoso mapa gastronómico de Ferran Adrià al responder a la perfección a los cuatro pasos. En él, a golpe de dibujo esquemático y unas cuantas palabras, el cocinero explica claramente las distintas etapas de la cocina: qué es cocinar, cómo se cocina y quiénes intervienen en el proceso gastronómico. Y como este, aunque no tan conocidos, hay cientos de ejemplos que se generan cada día en las aulas españolas de infantil, primaria, secundaria y bachillerato para explicar desde cómo se produce la erupción de un volcán hasta cómo funcionan los alternadores. Cualquier materia es susceptible de ser contada gráficamente.

¿Y si no sé dibujar?

Esta es la pregunta que se hacen muchos docentes y la respuesta es contundente: sí sabes. Todos sabemos porque llevamos haciéndolo 40.000 años, desde que el ser humano comenzó a pintar en las cuevas para comunicar sus emociones e ideas. Hasta los más pequeños lo hacen de forma innata, así que solo hay que ponerse manos a la obra. Es importante recordar que no hace falta ser Picasso, basta con unos trazos —casi, casi, al estilo primitivo— para convertir las ideas en imágenes. La clave está en utilizar figuras básicas como la línea recta, el círculo, el cuadrado, la flecha o la espiral; pictografías como el clásico monigote que representa a una persona; o ideografías como la bombilla que expresa una idea genial. A partir de ahí, tirar de imaginación y creatividad. Aunque no solo de dibujos vive el visual thinking. Las fotografías, cuadros, iconos, emojis e incluso los actuales memes también pueden ayudar a plasmar y entender un concepto o idea de forma simple y dinámica, recurriendo al recuerdo y a la asociación.

 

Si quieres seguir profundizando acerca del visual thinking en el aula, en ScolarTIC, Clara Cordero y Garbiñe Larralde  presentan en un webinar los formatos para construir un alfabeto visual y cómo usarlos dentro del aula para producir y comunicar de una manera eficaz. Puedes verlo aquí.

“No hay forma más sencilla de encontrar soluciones que cogiendo un bolígrafo y una servilleta”, Dan Roam, autor del libro Tu mundo en una servilleta

Thinking matemáticas

Para Dácil González Martel, profesora de Educación Primaria y formadora de docentes en el uso de dispositivos móviles en el aula, las matemáticas, lejos de lo que pudiera parecer, son un excelente campo de aplicación para técnicas como el visual thinking. ¿Por qué? Porque “los dibujos ayudan a explicar conceptos abstractos difícilmente explicables con palabras”, como pueden ser las ideas de infinito o de límite. Pero no solo los dibujos. “Hay muchas otras técnicas que pueden ayudar a hacer más comprensibles esos conceptos: esquemas visuales sobre procesos de cálculo que permiten a los alumnos recordar los pasos para resolver ciertas operaciones matemáticas, mapas mentales que ayudan al estudiante a recordar lo visto a lo largo de las sesiones y a comprobar la asimilación del contenido, cuadernos interactivos en los que se trabaja con imágenes en una página y preguntas relativas a ese contenido en la otra, autoevaluaciones visuales con las que el propio alumno puede evaluarse con herramientas como las dianas de avaluación, etc.”, concluye.
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