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Emoción vs robotización: la batalla que no será

Emoción vs robotización: la batalla que no será

La era de los robots ya está aquí. Ellos realizarán muchos de los trabajos que ahora hacemos nosotros, pero no todos... Atención: la inteligencia emocional gana enteros en el mundo laboral, pero se aprende en casa y en la escuela.

Hace 150 años Julio Verne describió inventos imposibles para la época en sus relatos. Algo más tarde, algunos —como el submarino eléctrico— se hicieron realidad. En el siglo pasado fueron las películas de ciencia ficción, tipo Matrix o Terminator, las que anticiparon un futuro dominado por las máquinas que, al igual que las predicciones de Verne, están algo más cerca —obviando el componente apocalíptico— de hacerse realidad. Más allá de las profecías cinematográficas, de lo que no cabe duda es de que la era de los robots ya está aquí y con ella otra crónica anunciada: millones de puestos de trabajo —hoy realizados por humanos— desaparecerán en un par de décadas en pro de los humanoides.

¿Quién ganará la batalla? Depende de a quién se le pregunte, pero la respuesta más extendida es que no se trata de una batalla, sino más bien de una alianza en la que, como sostiene el académico de la Universidad de Stanford James Timbie, “muchos trabajos rutinarios serán paulatinamente asumidos por las máquinas, dejando las tareas más complicadas a los humanos que poseen habilidades interpersonales”. Se refiere a aquellas labores susceptibles de ser fácilmente automatizados: cajeros, conductores, repartidores, bibliotecarios, telefonistas, carteros, etc. Y aunque nadie sabe a ciencia cierta la cantidad de empleos que dejarán de existir, un informe de la consultora McKinsey sitúa en 800 millones la cifra de puestos de trabajo que desaparecerán en todo el mundo en 2030 como consecuencia de la robotización.

Emoción vs robotización
“Las habilidades sociales serán más demandadas en todas las industrias que las habilidades técnicas”.

Habilidades humanas como ventaja competitiva

Timbie, como ya hemos apuntado anteriormente, insiste en que las tareas más complejas serán tarea de los humanos con sus correspondientes habilidades interpersonales. Estas destrezas, a juicio de los entendidos en la materia, serán claves para afrontar con éxito un futuro robotizado. De hecho, los expertos del World Economic Forum ya se expresaban en esta línea hace un par de años: “Las habilidades sociales serán más demandadas en todas las industrias que las habilidades técnicas”. Las también denominadas soft skills son todas aquellas que se engloban dentro de lo que conocemos como inteligencia emocional y que, al menos por ahora, son patrimonio exclusivo de la humanidad. Hablamos de la persuasión, la empatía, la creatividad, la proactividad, la capacidad de enseñar o de resolver problemas, la sociabilidad, etc.

Dando un paso atrás, ¿a qué nos referimos exactamente con inteligencia emocional? Según el psicólogo Daniel Goleman, uno de sus mayores teóricos, “la inteligencia emocional consiste en gestionar de forma eficaz nuestras emociones, motivarnos a nosotros mismos, reconocer las emociones en los demás y establecer relaciones positivas con otras personas”. Todo ello, traducido al lenguaje de los recursos humanos, significa personas capaces de hallar las mejores estrategias para alcanzar el éxito en cualquier situación, empresa y sector. Probablemente por ello, en los últimos años los departamentos de recursos humanos de las empresas prestan cada vez más atención a la evaluación del desempeño social de los futuros trabajadores.

El estudio Soft skills 4 talent elaborado por la empresa especializada en estrategia del talento, Manpower Group, señala que este tipo de habilidades están empezando a ser muy relevantes en los procesos de selección, no porque se trate de una moda, sino porque “son útiles para afrontar los desafíos competitivos que representan los diferentes sectores y mercados”. Diego Vieira, Bussiness Manager de Unono —startup especializada en el reclutamiento de millennials—, lo constata: “Las empresas con las que trabajamos nos solicitan, cada vez más, candidatos con habilidades relacionadas con el comportamiento. ¿Por qué? Marcan la diferencia. Casi todo el mundo tiene títulos, idiomas y experiencia, pero no todos saben comunicar, trabajar en equipo o ser asertivos. Las habilidades sociales son ya una ventaja competitiva y lo serán aún más en el futuro”.

La robotización destruirá millones de puestos de trabajo, pero el panorama es menos desolador de lo que podamos imaginar… No solo porque se crearán otros nuevos, sino porque el ser humano tiene algo que los robots no: inteligencia emocional.

Aprender a gestionar las emociones

Un dato curioso. Según Fernando Haro, Talent Acquisition Manager de la misma compañía, en su labor de selección de personal se encuentra frecuentemente con un problema: “Los nacidos antes de los 80 tienen a menudo dificultades para encajar en los puestos tecnológicos, pero suelen manejar bien las habilidades sociales. Por el contrario, los millenials controlan perfectamente la tecnología, pero muchas veces fallan con las habilidades sociales y esas habilidades no se aprenden en la empresa”. Y no solo él lo piensa. Rafael Guerrero, director de Darwin Psicólogos y profesor de la Facultad de Educación en la UCM, comparte la idea de que ciertas habilidades sociales no se adquieren en el entorno laboral, sino en casa o en la escuela: “La inteligencia emocional se aprende desde pequeños en el entorno familiar como primer círculo de influencia y en el entorno escolar como segundo”.

De hecho, Guerrero sostiene que la inteligencia emocional es algo que se lleva abordando desde los tiempos de Aristóteles, si bien es cierto que, como él mismo reconoce, de un tiempo a esta parte se está detectando una mayor necesidad de educar a los niños en dicho aspecto. “Saber identificar y gestionar nuestras emociones es básico porque nos otorga estrategias para autogestionarnos: solicitar ayuda, ser conscientes de nuestras virtudes y defectos, gestionar los reveses o aprender de los errores para mejorar. En definitiva, aporta herramientas para enfrentarnos con éxito a nuestro día a día y eso supone una ventaja competitiva tanto para el trabajo como para la vida”, explica.

LAS ‘SOFT SKILLS’ MÁS DEMANDADAS

Las habilidades emocionales se sitúan en las primeras posiciones de la parrilla de salida hacia un futuro laboral exitoso. Tanto es así que, según un estudio realizado por el Instituto de Investigación de Stanford y la Fundación Carnegie Mellon entre 500 CEOs, el 75% de éxito en el trabajo a largo plazo depende de las habilidades blandas y solo el 25% de las habilidades técnicas. En este sentido, para Juan Carlos Barceló, profesor de los Master en Dirección de Recursos Humanos y MBA de IMF Business School, las soft skills con mayor demanda son las siguientes: empatía, sociabilidad, facilidad de comunicación, escucha activa, trabajo en equipo, adaptación al cambio, capacidad para resolver problemas, tolerancia a la presión y asertividad.


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