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“Aprender siempre depende de las recompensas y el placer”

“Aprender siempre depende de las recompensas y el placer”

Para Francisco Mora, experto en neurociencia, la emoción es clave en el aprendizaje. A punto de publicar su nuevo ensayo, reflexiona sobre la educación de hoy y mañana.

Francisco Mora Teruel encarna esa imagen del viejo profesor cercano, amable y sobre todo transparente (la claridad es la cortesía del filósofo, dicen). Y al mismo tiempo es un maestro de la educación futura. Autoridad mundial en neurociencia cognitiva, explica cómo el funcionamiento del cerebro condiciona el aprendizaje. Mora sostiene que somos animales emocionales antes que racionales. Todo lo que percibimos pasa primero por el tamiz de los sentimientos, nos causa alegría, placer, frustración, dolor… y de eso depende la asociación de ideas y el pensamiento que viene después. Por eso estimular las emociones positivas despierta el interés genuino por aprender más y mejor durante toda la vida. A punto de publicar un nuevo ensayo sobre las posibilidades revolucionarias de la buena educación emocional —Cuando el cerebro juega con las ideas: Educación, libertad, miedo, dignidad, igualdad, nobleza, justicia, verdad, belleza, felicidad—, comparte con nosotros sus impresiones sobre la educación de hoy y la de mañana.

 

¿Solo aprendemos de verdad si gracias a la curiosidad sentimos la alegría de saber?

La curiosidad es la llave que despierta la emoción. Y al abrir esa puerta se enciende la maquinaria neuronal de la atención. La atención es el foco de luz que nos permite ser conscientes de lo que vemos o aprendemos. No hay aprendizaje explícito, no hay conocimiento sin el foco previo de la atención. Imagina que vas paseando por la Gran Vía de Madrid y de pronto ves algo interesante que rompe la monotonía del entorno. Una jirafa. Ante ella no necesitas que alguien te diga “presta atención”. Los mecanismos cerebrales de la atención se activan automáticamente. Pues bien, necesitamos poner en marcha esos mismos mecanismos en la escuela, el instituto o la universidad.

¿Qué eliminarías de un plumazo en la educación infantil?

Borraría por completo los deberes en casa. El niño debe jugar constantemente en los años de preescolar y primaria. Jugar es la conducta que disfraza en el niño el aprendizaje, lo hace fácil y placentero. Jugando se graban en su cerebro los preceptos y conductas que utilizará el resto de su vida. Cambiaría radicalmente las guarderías y el preescolar. A los niños no hay que guardarlos entre cuatro paredes sino sacarlos a la luz, abrirlos al mundo y al contacto real.

¿Y en el modelo educativo general?

Lo primero sería cambiar la preparación de los profesores sobre el aprendizaje basado en la neurociencia. La formación de un maestro, por su alta responsabilidad social, debería ser tan exigente como la de un médico o un juez, piezas sociales básicas en una sociedad moderna. No solo se trata de adquirir esos conocimientos, sino de entender la responsabilidad de cambiar el cableado físico y químico del cerebro de quien aprende, que es lo que significa enseñar. Enseñar no es solo instruir, sino educar. A fin de cuentas el ser humano es lo que la educación hace de él.

Describes algo que se practica desde hace años en Finlandia…

Los finlandeses muestran el camino. No tienen deberes. La educación pública es idéntica para todos, ricos y pobres. Sacan provecho del conocimiento acerca de cómo funciona el cerebro. Aunque también cometen errores, por ejemplo conceden un valor excesivo a las TIC o menoscaban el significado profundo de la escritura manual para el ser humano y su cerebro.

¿Pero no son las TIC buenas aliadas de la educación emocional?

Lo son, sin duda, en todo el arco de aprendizaje y memoria desde primaria a la universidad, y después también, por supuesto. Pero lo humano es insustituible. La informática y la electrónica, sobre todo en su forma mas robótica, no deben sustituir nunca al maestro. Sin la persona, con o sin TIC, no existe propiamente la enseñanza, que requiere de la palabra viva y el contacto. Las TIC ayudan pero nunca sustituyen. Sería un fracaso hacerlo así, como de hecho ocurre con Internet, las relaciones humanas y los problemas de atención y memoria ejecutivas. Creo que lo magistral del profesor persistirá siempre como núcleo central de toda enseñanza.

¿Qué avances en neurociencia ves en 10 o 20 años?

Sin duda, descubrir qué redes neuronales son la base de la curiosidad y de la atención ejecutiva. Es decir, esas redes cuya activación es necesaria para estudiar, leer un libro o trabajar. Podríamos encontrar los estímulos que las activan y así todo maestro los utilizaría en clase para captar totalmente la atención de sus alumnos. En el futuro, la duración de las clases será diferente según la disciplina, los temas específicos, quién enseña, a quiénes se enseña y el entrenamiento previo de estos últimos. Por ejemplo, ya sabemos que la media de la atención máxima es de solo 10 minutos, por eso se habla de que más valen 50 cursos de 10 minutos que 10 cursos de 50. También aprenderemos cuáles son las mejores edades para enseñar valores y normas sobre principios básicos: ética, libertad, dignidad, igualdad, nobleza, justicia, verdad, felicidad, incluso belleza.

En la enseñanza de valores también es clave la familia…

Desde luego, para el niño la familia es su primer maestro; sobre todo, en valores. Pero es muy difícil transmitir a los padres la importancia de su papel como educadores, especialmente en familias desestructuradas, con pocos recursos, en las que padre y madre trabajan... Por eso sigo creyendo en ese triangulo escuela-familia-niño como proceso constante de retroalimentación.

Profesional con trabajo seguro, cómodo en sus rutinas, poco curioso, reacio a actualizarse… ¿Cómo se le motiva?

Aprender, en cualquier circunstancia, siempre es un proceso dependiente de las recompensas y el placer, pero también de los estímulos sociales. Todo el mundo posee los primeros mecanismos, pero no los segundos. Un adulto nunca se sentirá empujado a aprender si el ambiente en el que vive, de pareja, profesional o social, no genera estímulos que le lleven a ello. Cambia esas condiciones y cambiarás al individuo en su emoción por adaptarse a ellas. Eso es aprendizaje.

¿Entonces con una educación emocional óptima la sociedad sería más justa y feliz?

El binomio emoción-cognición es indisoluble. Es el pivote en torno al cual gira toda una enseñanza en los valores verdaderamente humanos. Cuando algún día lleguemos a enseñar y educar bajo esos parámetros óptimos, no tengo duda, alcanzaremos una sociedad mas justa e igualitaria. ¿Más feliz? Eso no lo sé. 

“La formación de un maestro, por su alta responsabilidad social, debería ser tan exigente como la de un médico o un juez”

Emoción y aprendizaje

Para Francisco Mora, experto en neurociencia, la emoción es clave en el aprendizaje. A punto de publicar su nuevo ensayo, reflexiona sobre la educación de hoy y mañana.
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